domingo, 25 de abril de 2010

Miguel Primo de Rivera (1923-1930)

Miguel Primo de Rivera y Orbaneja (Jerez de la Frontera, 8 de enero de 1870 – París, 16 de marzo de 1930) fue un militar, político y dictador español. Fue segundo marqués de Estella, séptimo de Sobremonte y Grande de España.

JUVENTUD

Hijo de Miguel Primo de Rivera y de Sobremonte con Inés Orbaneja y Pérez de Grandallana. Miguel Primo de Rivera pertenecía a una familia jerezana de gran tradición militar. En ella había destacado su tío Fernando Primo de Rivera y Sobremonte, primer marqués de Estella (1831–1921), distinguido durante la Tercera Guerra Carlista, gobernador de Filipinas y varias veces ministro de la Guerra.

Su abuelo, José Primo de Rivera y Ortiz , que participó en la Guerra de la Independencia y luego en la de la Emancipación Americana, y siguió posteriormente una larga trayectoria marítima militar hasta llegar a presidente de la Junta del Almirantazgo en 1837, senador por Cádiz y, en 1839, en el gobierno que casi al fin de la regencia de María Cristina de Borbón formó Evaristo Pérez de Castro, se le confió el Ministerio de Marina e interinamente el de Hacienda.

Su bisabuelo, Rafael de Sobremonte, tercer marqués de Sobremonte y mariscal de campo del rey, fue virrey del Río de la Plata.

Y su hermano pequeño, Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, héroe de Monte Arruit, condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando a título individual, por su valerosa actuación al frente del Regimiento Alcántara nº 14 en Julio de 1921, durante el Desastre de Annual.

CARRERA CASTRENSE

A la edad de catorce años ingresó en la Academia Militar tras completar la instrucción, fue destinado a Melilla, destino en el que logró una serie de rápidos ascensos que le llevaron al grado de capitán, obteniendo incluso la Cruz Laureada de San Fernando. Desarrolló la mayor parte de su carrera militar en destinos coloniales, como Marruecos, Cuba (1895–1897) y Filipinas (a donde acompañó a su tío, Fernando Primo de Rivera).

Se casó en 1902 con Casilda Sáenz de Heredia, con la que tendría seis hijos. En 1908, fue ascendido a coronel y poco después quedó viudo, al no sobrevivir su esposa al parto de su sexto hijo. En 1909 fue destinado al norte de África, tomando parte en la Guerra de Marruecos. En 1912 fue nombrado general de brigada, por sus méritos militares. Era el primer militar de su promoción en llegar al generalato. En 1915 volvió a la península, como gobernador militar de Cádiz.

Debido a su trayectoria militar, estaba vinculado al grupo de militares africanistas. Sin embargo, se pronunció a favor del abandono del protectorado norteafricano.

Más adelante fue capitán general de Valencia, de Madrid y de Barcelona. Estos destinos le pusieron en contacto con los agudos problemas sociales y políticos de la época. En noviembre de 1921, tras sus declaraciones a favor del abandono de las colonias norteafricanas («Yo estimo, desde un punto de vista estratégico, que un soldado más allá del Estrecho, es perjudicial para España»), fue destituido de su destino por el gobierno, ferviente partidario de la permanencia en África. En mayo de 1922 fue nombrado capitán general de Barcelona. Desde este puesto, tuvo que enfrentarse a la conflictividad social de la época en Barcelona: terrorismo anarquista, pistolerismo patronal, auge del catalanismo, al tiempo que la descomposición del sistema de partidos de la Restauración creaba una situación insostenible de inestabilidad ministerial. En Barcelona, Primo de Rivera se ganó el apoyo de los sectores más conservadores de la Lliga, gracias a su política de mano dura contra la delincuencia y la conflictividad social.

Como reacción a esta situación, agravada entre los militares por el Desastre de Annual (en el que había muerto su propio hermano, el teniente coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja), y al Expediente Picasso, Primo de Rivera, de ideales militaristas, nacionalistas y autoritarios, dio un golpe de Estado (13 de septiembre de 1923) con el apoyo de diversos sectores de la sociedad española (militares, industriales y sectores conservadores en general), suspendiendo la constitución de 1876, prohibiendo la libertad de prensa, disolviendo el Gobierno y el Parlamento e implantando un régimen dictatorial dirigido por un Directorio Militar.

GOBIERNO

Con el visto bueno del rey Alfonso XIII, el apoyo de buena parte de la patronal, la Iglesia Católica, el ejército y de las fuerzas conservadoras en general, Primo de Rivera encabezó un Directorio Militar que concentró en él todos los poderes del Estado.

En un principio, y dado el carácter del régimen que derrocó, totalmente desprestigiado, y el hecho de que prometiese que la dictadura sería un mero estado transitorio antes de traspasar el mando a un gobierno civil elegido democráticamente, la oposición a la dictadura fue mínima. Primo de Rivera proclamó su inspiración en los ideales de los regeneracionistas de principios de siglo (como Joaquín Costa), a fin de restaurar el orden social y eliminar el Caciquismo (lo que hizo que incluso los socialistas fueran poco beligerantes e incluso participasen en sus tribunales de arbitraje laboral).

Su dictadura, aunque formalmente inspirada en el modelo fascista de Mussolini, fue menos totalitaria y de carácter fundamentalmente conservador.

Durante la primera fase de la dictadura (el Directorio Militar, entre 1923 y 1925), persiguió a los anarquistas (cuyo sindicato CNT fue declarado ilegal) y a los comunistas (que se habían escindido del PSOE y adherido a la III Internacional), suprimió la Mancomunidad de Cataluña (primer órgano administrativo que abarcó a toda Cataluña desde el siglo XVIII), eliminó los partidos políticos, creó un partido único, la Unión Patriótica (1924), reforzó el proteccionismo estatal en favor de la industria nacional, fomentó la construcción de grandes obras públicas y prohibió el uso de las lenguas regionales en los actos públicos.

Tras su acceso al poder, abandonó sus anteriores posiciones abandonistas y de modo contrario, consolidó la presencia española en Marruecos mediante una victoria militar (el desembarco de Alhucemas) que puso fin a años de permanentes guerras y dificultades, como el «Desastre de Annual» de 1921, por el que se habían querido pedir responsabilidades a los militares y al propio rey, y que fue lo que, a la postre, provocó el golpe de Estado de 1923.

El desembarco (1925), en el que Primo de Rivera comandó personalmente al ejército y a la flota españoles en una acción tan brillante como arrojada, formó parte de una operación combinada con el ejército francés para acabar con la rebelión de las cábilas del Rif. Si bien contradecía las ideas anteriores del marqués, opuesto a la aventura africana, fue un éxito tan significativo que animó a Primo de Rivera, condecorado por el rey con la Cruz Laureada de San Fernando, a institucionalizar su dictadura de forma duradera.

EL DIRECTORIO CIVIL

El Directorio Militar dio paso a un Directorio Civil (1925–1930) y se nombró una Asamblea Nacional (1927) que elaboró un anteproyecto de Constitución (1929). Aquel simulacro de Parlamento, sin embargo, sólo sirvió para desnudar las divisiones que había entre los seguidores de la dictadura: entre católicos conservadores de viejo cuño y corporativistas autoritarios atraídos por el fascismo, entre militares angurrientos y oportunistas de todo pelo y disfraz.

Por su parte, la crisis económica derivada del Crack de 1929 afectó muy negativamente a España haciendo, entre otras cosas, que el cambio de la peseta en relación a la libra esterlina casi se triplicara y que la mejora económica derivada de los «felices años veinte» se esfumara.

Divididas las huestes primorriveristas y enrarecidas las relaciones del dictador con el rey, no fue posible afrontar el auge de la oposición, crecientemente unida y movilizada ante la amenaza de ver perpetuarse el régimen. Socialistas, republicanos e intelectuales de ideología de izquierdas se unieron en la campaña contra la dictadura, una vez dimitido el general (pacto de San Sebastián), que amenazaba con arrastrar también a la monarquía que la había tolerado; estudiantes y obreros se manifestaban en contra del régimen; los propios militares conspiraban contra Primo de Rivera (la conspiración fallida en su contra tuvo lugar en 1926 y fue conocida como la Sanjuanada).

Finalmente, desautorizado por el rey y los altos mandos militares, claudicante su salud corporal, Primo de Rivera presentó su dimisión el 28 de enero en 1930 y se exilió en París, no sin antes recomendar a Alfonso XIII algunos nombres de militares que podrían sucederle (entre ellos el general de raíces catalanas Dámaso Berenguer, que asumió la presidencia interinamente, la llamada «Dictablanda».)

Seis semanas más tarde, el 16 de marzo de 1930, moría en París, a causa de una diabetes padecida desde hacía unos años, en medio de una gran amargura y decepción.

VIDA PRIVADA

De su enlace en 1902 con Casilda Sáenz de Heredia y Suárez de Argudín (1879–1908), muerta de sobreparto, tuvo Primo de Rivera tres hijos y tres hijas, de los cuales el mayor, José Antonio, fundador de la Falange Española, soltero de 33 años, y el menor, Fernando, de 28, fueron ejecutados por los republicanos en 1936. En 1928 mantuvo una relación sentimental con Niní Castellanos, que fracasó.

Los títulos y honores de la casa, incluso el ducado póstumamente concedido por el general Franco a José Antonio, pasaron al segundón Miguel (1904–1964) y de él al hijo de Fernando, Miguel Primo de Rivera y Urquijo, nacido en 1934 y hoy III duque de Primo de Rivera y, hasta 1985, V marqués de Estella.

La hija menor del dictador, Pilar, condesa del Castillo de la Mota (1907-1991), sin enlace ni descendencia, tuvo asimismo una larga trayectoria política (1934–1977) en el Movimiento como delegada nacional de la Sección Femenina.

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